El cuerno del rinoceronte

Por: Daniel Caleb Gómez Saldívar

A Melissa

por bombear mi corazón

Al ser manso y solitario debería ser una persona que pasara desapercibida, después de años de tortura continua llegué a una conclusión, la sociedad no soporta a las personas silenciosas  como yo, al parecer no somos confiables; al principio creía que se debía a mi ligera obesidad, pero con el paso del tiempo y mi adelgazamiento fui entendiendo a base de burlas, mentadas de madre y golpes, que era mi forma natural de ser lo que les molestaba: soy tímido.

Al entrar a la primaria conocí a mis primeros y más representativos inquisidores: Iván y Pablo.  Antes de terminada  la primer semana ya era víctima de sus ataques. Un día durante una clase Iván se puso a patearme las piernas por debajo de la mesa; erróneamente y con inocencia, se lo comenté a mi madre, quien a su vez sin yo darme cuenta se lo comentó a la maestra,  al día siguiente nos pidieron a Iván y a mí que fuéramos a la dirección, él negó haberlo hecho y a mí no me creyeron; en ese recreo aprendí mi lección, no podía ser ingenuo, aunque en ese entonces ni siquiera sabía la existencia de esa palabra, la ingenuidad me había hecho ganar mis primeros enemigos. Sus ataques carentes de motivos continuaron durante el resto del año escolar, mis esfuerzos pacíficos para evitarlos no funcionaron, en vano intenté pasar desapercibido.

El Segundo grado fue peor, en mi escuela los alumnos de primer y segundo año estudiábamos en el mismo salón, bastaron unos días para que encontraran admiradores de primero. Ahora en lugar de dos contaba con cinco torturadores que aprovechaban cualquier momento para acosarme con sus burlas o  agresiones físicas. Llegué a pensar que les divertía mi reacción a sus ataques, que les gustaba mi comportamiento de presa que huye, en una ocasión me arrinconaron y comenzaron a picarme el cuerpo con palillos de plástico, traté de mostrar indiferencia  y no darles señales de mi dolor, pero eso también los entusiasmó y tuve que volver a correr. Me convertí en un niño muy veloz gracias a ellos, tanto, que en la secundaria entraría al equipo de atletismo, un deporte ideal para alguien solitario.

El animal, majestuoso y lento, caminaba en línea recta de un lado a otro, sus huellas en forma de trébol fueron alfombrando la tierra desde que despertó, llevaba toda la mañana sin dejar de caminar, algo lo alteraba; el árbol que le proporcionaba la sombra dónde se protegía del sol, había sido talado la noche anterior; era parte de la remodelación para poder adaptar el lugar y construir jaulas nuevas, a él lo mandarían a otro zoológico dónde pudiera pastar, todo  esto el rinoceronte lo ignora y dudo que le importe. Está molesto y tal vez esté buscando su árbol, su hábitat ha sido deformado una vez más, le tomó años acostumbrarse a estar en ese pequeño espacio. El estar solo no era el problema, lo más molesto era tener que alimentarse con ese hedor a humano que le recordaba que no pertenecía  a ese lugar, el olor de esos animales que le gritaban cosas fuera de su entendimiento, que le lanzaban objetos, que le ordenaban encerrarse, que le inyectaban cosas, que lo llevaron a ese sitio dónde el agua tiene un sabor a metal oxidado.

Me di cuenta de algo muy importante, las personas como Iván y Pablo necesitan de alguien que les siga la corriente o que los impulse a ser agresivos, cuando alguno faltaba a la escuela podía pasar mi día tranquilamente sin ser molestado, incluso Pablo podía llegar a ser amable; Iván era un poco más complicado, al ser el líder intentaba molestarme, pero al ver que nadie hacía eco de su risa se alejaba o se tornaba más violento, yo disfrutaba verlo en ésta última condición, parecía estar perdido y en lugar de disfrutar golpeando mi cuerpo, que cada día se iba haciendo más fuerte, se me figuraba que sufría, su enojo era tanto que en lugar del acostumbrado placer  le causaba daño y al menos psicológicamente el papel se invertía, me sentía como un acorazado que recibe golpe tras golpe sin ser dañado, esperando el justo y oportuno momento en el que mi atacante se cansara y entonces, sin hacer ningún esfuerzo, lo aplastaría. Mi teoría del por qué se perdía es que el niño tenía problemas fuera de la escuela y cuando estábamos solos, cada golpe, cada insulto, cada intento por humillarme le recordaba lo que sufría al sonar el timbre de salida, el miedo de volver a casa y probablemente recibir el mismo maltrato que él me proporcionaba, o tal vez, incapaz de ser un individuo solitario la falta de atención de su familia le causaba esa desesperación que necesitaba expulsar  en la escuela.

Durante casi 10 años vivió en un área protegida por un gobierno del continente africano, eso no impedía que caminando entre la hierba se encontrara con el cadáver de otro rinoceronte, cosa que lo alteraba y lo hacía correr en otra dirección. Ya contaba con edad suficiente para tener su propio territorio y lo había encontrado, cerca del río había dos árboles cuyas ramas se entrelazaban y le proporcionaban excelente sombra durante las horas de sol, esos arboles eran el centro de sus casi tres kilómetros de territorio.  Todos los días eran muy parecidos, como si el mañana fuera un espejo del presente, se levantaba, comía hierba durante las primeras horas del día, después iba a tomar  agua y cuando el calor y los rayos del sol comenzaban a calar iba a refugiarse a sus árboles hasta que llegara el atardecer, que era cuando salía a comer más hierba hasta quedar satisfecho y entonces regresaba a dormir. No había animal que se atreviera a molestarlo, incluso los elefantes que eran los únicos que lo superaban en tamaño pasaban de cerca sin agredirlo, como si supieran que un combate con el rinoceronte los dejaría seriamente lastimados. El rinoceronte vivía tranquilo, ningún animal, exceptuando las aves que le limpiaban su dura piel, le prestaba atención y eso le proporcionaba paz; hasta que llegó ese olor, era un olor parecido al que acompañaba a los cadáveres de rinoceronte sin cuerno que se encontró antes de llegar a su territorio,  era el olor de un animal desconocido para él, se acercó curioso hacia dónde provenía ese aroma que entonces le generó curiosidad y después le daría asco, era el olor de varios hombres que cuando lo tuvieron lo suficientemente cerca le dispararon, el rinoceronte algo adolorido siguió en dirección al olor, trató de correr para embestir esa cosa que le proporcionó dolor e irrumpió su tranquilidad, pero su cuerpo comenzó a adormilarse hasta perder el control y entonces se desplomó, gemía con desesperación, intentó levantarse, unas redes cayeron encima de él, su vista se fue nublando y aunque escuchaba a esos animales a menos de treinta centímetros de distancia no los podía distinguir, en unos segundos quedó dormido. 

En mi graduación de sexto grado mi papá me regaló una bolsita de terciopelo rojo amarrada con un cordón dorado, dentro había lo que él decía era la punta de un cuerno de rinoceronte, me era difícil de creer que eso tan pequeño hubiera pertenecido a un animal tan grande, de alto medía apenas lo mismo que mi dedo índice. Mi padre y yo no platicamos con demasiada frecuencia, nuestra comunicación es mínima, por no decir elemental, cosas como pásame el salero, ya llegué, ya me voy,  ve a la tienda por las tortillas, son casi todo nuestro vocabulario en común; pero de alguna manera debió percibir que tenía problemas fuera de casa (creo que es algo fácil de notar, incluso en ese entonces yo podía darme cuenta de los niños de grados inferiores que pasaban por situaciones semejantes a las que yo enfrentaba casi a diario) me dijo que era para darme fuerza y fue todo, durante las vacaciones estuve a punto de tirarlo en la basura, pero la curiosidad me lo impidió, ese verano me puse a investigar en la internet acerca de los rinocerontes y las propiedades de sus cuernos y descubrí que mi padre tenía razón, en una parte de Yemen usan una daga de filo curvado llamada jambia, tenerla es símbolo de madurez y sus dueños son considerados especiales, siempre y cuando el mando sea hecho de cuerno de rinoceronte, los rinocerontes son perseguidos y asesinados con crueldad sólo para obtener sus cuernos; el rinoceronte llamó mucho mi atención, al punto de llegar a convencerme que tenía muchas cosas en común con éste animal, una bestia mansa pero que al ser provocada se tornaba violenta. En lugar de tirarlo decidí guardarlo, tal vez un día estuviera listo para usar su fuerza.

Año y medio más duraron las golpizas e insultos de Iván y Pablo. A mitad del segundo grado de secundaria Iván fue expulsado de la escuela después de que alguien lo delatara de haber entrado al salón de los de tercero mientras estos se encontraban en su clase de educación física y tirado por la ventana sus mochilas, no lo hizo solo, pero únicamente dieron su nombre y él no dijo más; cuando lo vi por última vez me encontraba afuera de la escuela, su madre lo llevaba tomado del cuello, volteó y me observó durante unos segundos, era una mirada extraña para mí, me parece que trataba de darme las gracias por no delatarlo pero que no había servido de nada, parecía… una disculpa, le devolví el gesto burlándome con una sonrisa.

Pablo se fue transformando en una persona amable con todos, incluso llegó a ser el protector de los más débiles, terminado el tercer grado creía ser mi amigo, pero no lo era, nunca lo sería; ansiaba el día de la graduación para irme a otra escuela y jamás volver a tener contacto con mis compañeros y así fue, terminada la graduación me aseguré de ingresar a una preparatoria donde ninguno de mis ex-compañeros quisiera continuar sus estudios.

Más de veinte años han pasado desde que el rinoceronte llegó de contrabando al zoológico, su cuerno fue recuperándose lentamente y ya casi alcanzaba el tamaño que tenía cuando se lo rebanaron con una sierra eléctrica.  Ya es un rinoceronte viejo y los años le pesan más que su cuerpo, el calor lo ha fastidiado y no encuentra un lugar con sombra, su árbol ha desaparecido mientras dormía, si tan sólo hubiera un río dónde poder remojarse, en cambio sólo hay un pequeño charco artificial que se ha evaporado en el transcurso de la mañana. De pronto se escucha un ruido cerca del muro, y se aleja hasta el otro extremo, alguien está abriendo la puerta y el viento lleva a su nariz aquel aroma que tanto le desagrada, el olor a humano, un olor que ya no está dispuesto a soportar más; el rinoceronte está harto, con el olfato y el oído localiza al humano y corre hacia él, resopla  constantemente en la carrera y mueve su cabeza de un lado a otro para tratar de distinguir con la vista su objetivo, el humano es tomado por sorpresa e intenta protegerse dentro del comedor,  pero el rinoceronte embiste con tanta fuerza que los destroza y el humano sale por los aires, adolorido intenta levantarse y llegar a la puerta, pero el rinoceronte lo vuelve a embestir y muere, se escuchan gritos, más humanos se acercan y el rinoceronte espera a que salgan por la puerta.  Se abre la puerta, están armados y no son sedantes, tienen la mirada fija en el ensangrentado cuerno de rinoceronte.

El primer día de clases llegó, me tuve que levantar a las cinco de la mañana y lo hice con gusto, estaba emocionado por entrar a una nueva escuela, todos seríamos extraños y era mi oportunidad de no ser el tipo al que humillan, tenía esperanzas de ser aceptado en un grupo o de perdido pasar desapercibido. Era una buena persona, respetuosa de los demás y que  si se me permitía podía tener una platica interesante de casi cualquier cosa, por qué no iba a poder ser aceptado por mi nuevo grupo. Todo iba marchando muy bien, cuando llegué al salón todavía no salía el sol, dentro estaba una mujer muy simpática, nos pusimos a platicar, su nombre es Denisse, conforme fueron llegando más personas algunos se incorporaron a nuestra platica, y me di cuenta que ella conocía a varias porque me las fue presentando. Las primeras dos clases transcurrieron con normalidad, los maestros se presentaron, nos dijeron lo que veríamos durante el semestre y se marcharon antes de tiempo, eso nos dejó minutos libres que aproveché para conversar con algunos de mis nuevos compañeros; Denisse llamaba mucho mi atención, además de ser muy agradable era muy bonita, me sentí fuertemente atraído a esa mujer pequeña que cabría perfectamente entre mis brazos, y aunque me ponía algo nervioso estar junto a ella, trataba de estarlo para saber más de ella. La tercer clase fue el problema, la maestra nos pidió que conforme fuera pasando lista nos levantáramos y nos presentáramos, teníamos que decir lo que nos gustaba o desagradaba hacer, si sabíamos qué deseábamos estudiar terminando la preparatoria y cualquier otra cosa que quisiéramos que nuestros compañeros supieran; cuando llegó mi turno, al levantarme sentí que algo húmedo golpeó mi cuello, en cuanto me tocó supe lo que era,  no tenía que verlo para saberlo, recibí muchos durante la primaria y secundaria, era un papel mojado con saliva que había sido expulsado a través de un popote o del tubo de una pluma, volteé y allí estaban dos tipos sonriendo, Ricardo y José, era como ver un reflejo de Iván y Pablo, los dos burlándose  de mí, la historia amenazaba con repetirse. Al salir de la clase  cuando pasaba por el marco de la puerta, José, que era el más alto y fuerte, me metió el pie y caí, todos me vieron y todos se rieron, busqué con la mirada a Denisse para ver si ella también lo estaba haciendo y así era, me levanté fingiendo que me causaba gracia; sabía quien era el líder, el menos fuerte físicamente, siempre era así, tenía que hacer algo o tendría que soportar otros tres años lo que ya había aguantado durante nueve, tenía que hacerlo enseguida antes de perder el respeto del resto del grupo, una caída de esas se puede superar fácilmente e incluso olvidar, era cuestión de que alguien más cayera u otra cosa cómica le sucediera, no sé, tal vez alguien que vomitara dentro de la mochila de otro podría superarme. Teníamos dos horas libres antes de la última clase, al pararme con ayuda de José supe enseguida lo que debía hacer, me despedí y me fui a la casa con la excusa  inventada de que me esperaban para comer.  Ni siquiera tenía hambre, se me había quitado del coraje y de la tensión causada por la posibilidad de vivir atemorizado el resto de la preparatoria, me fui directo a mi cuarto a construirme mi propia versión de una jambia, en lugar de llevar una filosa hoja de metal, llevaría mi pesado y viejo escalímetro que saqué de la mochila, con algo de pegamento industrial, cinta adhesiva y un trozo de tela rojo en uno de sus extremos le sujeté la punta de cuerno de rinoceronte que me había regalado mi padre; definitivamente no era una jambia, pero mientras la iba construyendo comencé a sentir que toda la ira fluía dentro de mi cuerpo, una fuerza fue apoderándose de mí, el cuerno era más que ornamental,  realmente creí que me estaba llevando a un estado de seguridad que nunca había sentido, me sentí tan fuerte como un rinoceronte.

Caminando de regreso a la escuela iba planeando como atacaría a Ricardo, pero esa tarde la suerte estaba de mi lado; antes de llegar había que pasar a través de un terreno baldío y ahí se encontraba él solo, saliendo de un matorral e impregnado de un olor a  marihuana, feliz e ignorando la furia que yo llevaba dentro se acercó a mí intentando saludarme como si fuéramos viejos amigos, estuve a punto de ceder y perdonarlo, pero su sonrisa me recordó la de Iván el día de su expulsión, la complicidad que supongo esperaba de mí me dio asco, solté una especie de gemido y con un movimiento rápido imitando los pasos de un arquero al sacar una flecha, tomé mi escalímetro y lo golpeé en la mandíbula, su actitud cambió, estaba sorprendido, pero no le di oportunidad de reaccionar, enseguida lo golpeé y me le abalancé para tumbarlo de regreso al matorral, mientras caía se transformó, ya no estaba golpeando a un Ricardo al que apenas conocía, era Iván, no pude detenerme, ¿saben lo qué es guardar odio durante tanto año? Cuando me cansé de pegarle ya estaba muerto, no sé cuánto tiempo le pegué a un cadáver, su rostro estaba desfigurado, me senté a su lado para descansar un poco y limpiar mi escalímetro, todavía faltaba media hora para que comenzara la clase, estuve tentado a no asistir, pero eso podría causar sospecha cuando encontraran el cadáver, lo arrastré para esconderlo entre la hierba alta y me fui asegurándome que nadie me viera salir del lote.

Es el día siguiente por la mañana, antes de comenzar la clase el director se ha puesto a platicar con nosotros, en cuanto nos avisaron que tenían que comentarnos algo yo ya imaginaba de que trataría su conversación, habían encontrado el cadáver de Ricardo y como no sabían quién era el asesino querían advertirnos y decirnos que tuviéramos mucho cuidado, que nos alejáramos del terreno baldío , que sospechaban de una pandilla, bla, bla, bla, todos están asustados menos yo, estoy pensando en cómo salieron las cosas tan bien, si hubiera esperado otro momento tal vez sospecharían de mí, pero ni siquiera fue él quien me hizo caer el día anterior, era casi perfecto,  observo mi escalímetro, tiene una pequeña mancha de sangre seca en el cuerno, se la limpiaré, nadie sospechará del chico tímido y de conversación amena, tranquilamente busco en mi mochila un papel para limpiarlo mientras el director sigue balbuceando medidas de seguridad que debemos tomar, ignoran que no deben preocuparse, ya nadie me molestará y mientras nadie lo haga y me sienta seguro no hay nada de que preocuparse, sé que José no me hará nada sin la influencia de Ricardo, seremos buenos amigos y…. ¿Por qué me observa así Denisse? Me está observando con miedo, ¿Sospechará algo? Sí, no deja de mirarme, ¡momento, tiene la mirada fija en el cuerno de rinoceronte!