Fobias Regia: Vegetación

Por Daniel Caleb

El niño se acercó curioso y me observó mientras regaba las plantas, quería tomar la manguera pero apenas y podía balbucear unas palabras, tenía entre 2 y 3 años, ya no soy tan bueno calculando esas infantiles edades, pero nos dimos a entender, le presté la manguera y le indiqué dónde debía apuntar, apareció la madre, se disculpó “es que le gusta mucho el agua y la tierra” bromeo y le digo que cuando quiera puede ser mi asistente jardinero y así me ahorra tiempo, “es que no tenemos tierra en la casa” y así es, tapizaron con cemento patio y jardín, no dejaron espacio en la banqueta para sembrar algo, apenas tienen unas macetas, no es la primer vez que abordamos brevemente el tema de las plantas; hay días que me piden permiso para tomar limones del limonero que sembré en el cordón de la banqueta, estoy seguro que cuando no me ven los toman sin permiso, tampoco es que me vaya a negar, asumo que árbol que se encuentra en la vía pública es responsabilidad de todos y podemos tomar sus frutos cuando los necesitemos, pero sé que no todos opinan igual y me he descubierto teniendo vergüenza de tomar los frutos de árboles de otras casas, porque a pesar de llevar

aproximadamente 15 años en el mismo fraccionamiento no me siento del todo parte de la comunidad, somos pocos y aún así hay conflictos que me rebasan, hay personas que se molestan porque los niños juegan en la calle fuera del parque, “un día van a atropellar a uno” se lee como amenaza en el chat, pero según quienes escriben no es una amenaza, ni siquiera una advertencia, al contrario, están cuidándolos diciéndole a los padres que impidan el libre tránsito de las infancias, “las calles son para los autos” también se lee con frecuencia. En qué momento se le olvida al ser citadino cuánto disfruta meterse en la tierra, sentir con todos los sentidos posibles la hierba, observar los árboles y su fauna, en qué momento ve la naturaleza como basura, como algo que estorba e incluso como algo aterrador. ¿De dónde viene la fobia regiomontana hacía la vegetación? ¿Qué se imaginan que les puede hacer un árbol? ¿Quién les hizo tanto daño? Porque esto se viene dando en Monterrey décadas antes de que Shyamalan nos enseñara una naturaleza rencorosa que a través de esporas es capaz de provocar oleadas de suicidios colectivos en su “The Happening”, ¿Quién les enseñó que era mejor regar una banqueta inerte que un pedazo de tierra llena de insectos y plantas? No me incluyo en esa parte ”regiomontana” porque yo crecí viendo a una abuela que hasta el día de su muerte parte de su día consistía en cuidar su jardín podando plantas, deshierbando, regando, abonando, esa “señorita de las de antes”  por la tarde  se sentaba a tomar café en el patio trasero en alguna de las mecedoras bajo la sombra de un árbol gigante mientras las tortugas comían cobijadas por sus raíces  En la casa de mi madre pasa algo similar, hay varios árboles y mucha tierra, tierra donde yo jugaba todo el tiempo posible cuando era niño, tierra donde a mis 20 años alguna vez me obsesioné con cavar un pozo para encontrar el origen de un hormiguero, spoiler alert, cuando el pozo ya llegaba a mi cintura me rendí y dejé a las hormigas en paz . Mi actual casa tenía que emular parte de esa experiencia, por eso vivir en la verticalidad no me parece tan atractivo, creo comprender algunas de sus ventajas, pero y sí por cada torre que están haciendo las inmobiliarias,estas estuvieran obligadas a construir parques o huertos a su alrededor, parques a los que pudiera acceder cualquier persona, no solo los habitantes de dichas torres. 

¿Qué le duele a Monterrey? ¿Cuál Monterrey? ¿Es el mismo dolor? Porque a veces mi respuesta a esa pregunta es a mí me duele Monterrey; es una ciudad dónde cada vez hay más casos de enfermedades respiratorias, es una ciudad cancerígena, es una ciudad que cansa porque todo el tiempo hay que estar alerta, a la defensiva, porque si quitamos de la ecuación violencias como el robo, asesinato y desapariciones forzadas, el área metropolitana de monterrey continúa siendo una ciudad agresiva para vivir y entre omisiones, comisiones y licitaciones el Estado es responsable y en ocasiones hasta culpable de muchas de esas agresiones, hay que defender el territorio de quienes se suponen deben ayudar a preservarlo y eso hace que estemos en un constante choque. En un descuido el gobierno permite la construcción de un estadio arrasando áreas naturales “protegidas”, en otro descuido intentan convertir una plaza pública en estacionamiento y drive thru para comercios de comida porque no pueden ver que un espacio público se disfrute sin que tengamos que gastar nuestro dinero,  en otro descuido deforestan los cerros porque ya cedieron

los terrenos a alguna inmobiliaria o arrasan con el lecho del río Santa Catarina para darle más espacio a los autos o a los comercios, decidiendo ignorar la flora y fauna que el río protege, fauna que nos incluye, porque entre otras cosas el lecho del río impide inundaciones y es una fuente de aire puro, pero hay esperanza, de repente salen unos seres raros en la fauna regiomontana, seres curiosos que se unen y luchan desde su trinchera, utilizando el cuerpo y las leyes que el mismo gobierno decide ignorar, violar o cambiar a su antojo, estas personas a las que el gobernador Samuel García arrogantemente  llama mugrientos, ignorantes, entre otros adjetivos descalificativos, no es el primer gobernante que actua de esta forma, a veces reciben eco por parte de los medios de comunicación masiva, estas personas a las que llaman activistas tienen que navegar contra viento y marea, algunas veces son derrotadas y en la ciudad perdemos hectáreas de “pulmones verdes”  y aunque algunas se rinden o cambian de bando, otras continúan y de las piedras surgen personas nuevas que se unen y suplen las ausencias, siguiendo la lucha; otras veces consiguen victorias que nos permiten seguir disfrutando por tiempo indefinido de las plazas, parques, cerros y ríos, pero no pueden descansar, porque siempre hay una empresa esperando un descuido para atacar de nuevo y ¡aaaaaah! ¡Qué cansancio! Otra vez mandan sus monstruos mecánicos y toman el gobierno que envía a sus sabuesos disfrazados de autoridad y no les importa la salud física y mental de quienes habitamos la ciudad ¿Qué relación hay entre el autoritarismo, la violencia y la falta de plantas en nuestras vidas? ¿Alguien tiene la respuesta? Pero saben qué, sí hay esperanza, este hombre amargado está convencido de eso, aunque no lo parezca, aunque a veces no le salgan las palabras, porque siempre hay personas que están dispuestas a poner el cuerpo para proteger a la naturaleza y saben por qué creo que siguen surgiendo personas así, porque sigue habiendo abuelas que hacen jardinería por la mañana y beben café bajo la sombra de un árbol y disfrutan el atardecer balanceándose en su mecedora y los niños, por más citadinos que sean,  siguen teniendo por instinto la necesidad de jugar con la tierra con sus manos y buscan pisar la hierba con sus pies descalzos…. “No coman Tierra”